Juan Soriano
Entrevista de: Eduardo Castañeda H.
¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
No sentir nada, la inmovilidad.
¿Cuál es su miedo más grande?
Vivir.
¿En qué ocasiones miente?
En casi todas.
¿Qué es lo que más valora en sus amigos?
Que no hablen mal de otros amigos, todo el tiempo.
¿Cuál es su más preciada posesión?
Un lápiz.
¿Cuál es el rasgo que más deplora en usted mismo?
Mi tamaño.
¿Cuál es el rasgo que más deplora en otros?
Ninguno. Toda la gente, en general, me cae bien. Hay físicos de mis amigos que son considerados feos, pero para mí la idea de feo y de bello no es muy clara.
¿Qué es lo que considera el colmo de la miseria?
Ser rico.
¿Cuál es la cualidad que le gusta más en un hombre?
Que diga que sí (risas).
¿Cuál es la cualidad que más le gusta en una mujer?
Que diga que no (risas). Eso está muy fácil.
¿Cuál es su sobrenombre?
En realidad yo uso un sobrenombre. Yo no me llamo Juan, sino Juan Francisco Javier. De muy niño una hermana que era un poco cursi me decía Jeaninno, como Juanito, en italiano.
¿Cuál considera que es su más grande logro?
Pues yo mismo, porque era una persona desde niño, muy nerviosa, sin muchas ganas de vivir y sin mucha curiosidad.
¿De qué es lo más se arrepiente?
Ahora me arrepiento bastante de haber pasado los mejores años de mi primera juventud, con puros amigos que yo realmente no estimaba, ni ellos me estimaban a mí. Y era una vida destructiva y ociosa, que imitaba la que uno había leído que tenían que hacer los intelectuales. Como yo era el más joven del grupo, los seguí, hasta que comprendí que era absurdo.
¿Cuál es su vicio?
Pues no tengo, porque cuando hago muchas veces una cosa, pienso en los vicios que tuve, que fueron fumar, beber y hablar mal de los demás. Ahora me contengo.
¿Qué o quién ha sido el más grande amor de su vida?
El amor como fantasma, porque en realidad el amor físico, que viene como del instinto, me traía mucha desdicha. No me gustaba la secreción, las venidas y perder el control del cuerpo y jadear como animal y que si no lo hace uno cree que se va a morir. Cuando es así, al minuto de que uno lo hace, lo que se quiere es que la persona con quien lo hizo se vaya. Como eso no me gusta, me dije, voy a procurar no hacerlo. Porque la reacción era como la cruda del alcohol: física y moral. Era como un tiempo despedazado.
¿Cuál es el personaje con quien más se identifica?
No hay, porque no me gusta imitar a nadie.
¿Qué es lo más escandaloso que ha hecho?
Hice muchas cosas. Pero en una cena que le hicieron a Rufino Tamayo me emborraché tanto y estaba tan contento que me subí a la mesa y mee, me hice pipí en toda la concurrencia. Cuando al día siguiente me di cuenta, me sentí muy mal. Rufino y Olga estaban furiosos y sin embargo, a los dos tres días me llamaron para decirme que era un monstruo, pero que me fuera a comer con ellos, porque seguro me debía de sentir muy solo. La gente me había hecho el vacío, estaba escandalizada por lo que hice.
¿Cuáles son las frases que usa más frecuentemente?
Hay muchas, pero en cuanto me doy cuenta, hago un esfuerzo para no repetirlas. Cuando me veo en televisión, me doy cuenta de ellas, pero ahorita no me acuerdo.
¿Cuál es su estado mental actualmente?
Me siento bastante perturbado, por la cantidad de gente que he tenido que ver con lo de mis ochenta años, porque nunca festejaba mi cumpleaños. No era costumbre en mi familia. En mi casa se contaba que una vez mi padre había acabado con una fiesta a balazos, entonces, para mí la idea de fiesta es como de abandono. Más cerca de la orgía, que de fiesta. Siempre he encontrado horrible la fiesta. Cuando alguien me invitada a alguna comida o reunión, que iba a degenerar en fiesta, yo ya llegaba ebrio, sin haber bebido; estaba ya confuso por haber ido y entonces acababa haciendo una barbaridad. Esa manera de juntarse, de beber y de decir cualquier pendejada y con la que todo el mundo se divierte mucho, me repugnaba, pero no era lo suficientemente valiente para decir ‘no voy’. Ya no me pasa eso.
¿Usted siente que tiene 80 años?
No. Cuando me dijeron me quedé estupefacto. ¡Son muchísimos! No me había dado cuenta. De los cincuenta sí, porque cambié muchísimo. Descubrí que era la paz lo que llegaba, cuando más bien pensaba que comenzaría a ser viejo.
¿Qué idea tiene de la muerte?
Que es el premio más grande que puede recibir el ser humano. La vida eterna se me haría algo horrible. Me gusta mucho que la vida tenga un límite y que no se sepa cuál es. Eso de volver a la nada, de donde uno sale y brilla por un instante, es algo para mí maravilloso.
¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
No sentir nada, la inmovilidad.
¿Cuál es su miedo más grande?
Vivir.
¿En qué ocasiones miente?
En casi todas.
¿Qué es lo que más valora en sus amigos?
Que no hablen mal de otros amigos, todo el tiempo.
¿Cuál es su más preciada posesión?
Un lápiz.
¿Cuál es el rasgo que más deplora en usted mismo?
Mi tamaño.
¿Cuál es el rasgo que más deplora en otros?
Ninguno. Toda la gente, en general, me cae bien. Hay físicos de mis amigos que son considerados feos, pero para mí la idea de feo y de bello no es muy clara.
¿Qué es lo que considera el colmo de la miseria?
Ser rico.
¿Cuál es la cualidad que le gusta más en un hombre?
Que diga que sí (risas).
¿Cuál es la cualidad que más le gusta en una mujer?
Que diga que no (risas). Eso está muy fácil.
¿Cuál es su sobrenombre?
En realidad yo uso un sobrenombre. Yo no me llamo Juan, sino Juan Francisco Javier. De muy niño una hermana que era un poco cursi me decía Jeaninno, como Juanito, en italiano.
¿Cuál considera que es su más grande logro?
Pues yo mismo, porque era una persona desde niño, muy nerviosa, sin muchas ganas de vivir y sin mucha curiosidad.
¿De qué es lo más se arrepiente?
Ahora me arrepiento bastante de haber pasado los mejores años de mi primera juventud, con puros amigos que yo realmente no estimaba, ni ellos me estimaban a mí. Y era una vida destructiva y ociosa, que imitaba la que uno había leído que tenían que hacer los intelectuales. Como yo era el más joven del grupo, los seguí, hasta que comprendí que era absurdo.
¿Cuál es su vicio?
Pues no tengo, porque cuando hago muchas veces una cosa, pienso en los vicios que tuve, que fueron fumar, beber y hablar mal de los demás. Ahora me contengo.
¿Qué o quién ha sido el más grande amor de su vida?
El amor como fantasma, porque en realidad el amor físico, que viene como del instinto, me traía mucha desdicha. No me gustaba la secreción, las venidas y perder el control del cuerpo y jadear como animal y que si no lo hace uno cree que se va a morir. Cuando es así, al minuto de que uno lo hace, lo que se quiere es que la persona con quien lo hizo se vaya. Como eso no me gusta, me dije, voy a procurar no hacerlo. Porque la reacción era como la cruda del alcohol: física y moral. Era como un tiempo despedazado.
¿Cuál es el personaje con quien más se identifica?
No hay, porque no me gusta imitar a nadie.
¿Qué es lo más escandaloso que ha hecho?
Hice muchas cosas. Pero en una cena que le hicieron a Rufino Tamayo me emborraché tanto y estaba tan contento que me subí a la mesa y mee, me hice pipí en toda la concurrencia. Cuando al día siguiente me di cuenta, me sentí muy mal. Rufino y Olga estaban furiosos y sin embargo, a los dos tres días me llamaron para decirme que era un monstruo, pero que me fuera a comer con ellos, porque seguro me debía de sentir muy solo. La gente me había hecho el vacío, estaba escandalizada por lo que hice.
¿Cuáles son las frases que usa más frecuentemente?
Hay muchas, pero en cuanto me doy cuenta, hago un esfuerzo para no repetirlas. Cuando me veo en televisión, me doy cuenta de ellas, pero ahorita no me acuerdo.
¿Cuál es su estado mental actualmente?
Me siento bastante perturbado, por la cantidad de gente que he tenido que ver con lo de mis ochenta años, porque nunca festejaba mi cumpleaños. No era costumbre en mi familia. En mi casa se contaba que una vez mi padre había acabado con una fiesta a balazos, entonces, para mí la idea de fiesta es como de abandono. Más cerca de la orgía, que de fiesta. Siempre he encontrado horrible la fiesta. Cuando alguien me invitada a alguna comida o reunión, que iba a degenerar en fiesta, yo ya llegaba ebrio, sin haber bebido; estaba ya confuso por haber ido y entonces acababa haciendo una barbaridad. Esa manera de juntarse, de beber y de decir cualquier pendejada y con la que todo el mundo se divierte mucho, me repugnaba, pero no era lo suficientemente valiente para decir ‘no voy’. Ya no me pasa eso.
¿Usted siente que tiene 80 años?
No. Cuando me dijeron me quedé estupefacto. ¡Son muchísimos! No me había dado cuenta. De los cincuenta sí, porque cambié muchísimo. Descubrí que era la paz lo que llegaba, cuando más bien pensaba que comenzaría a ser viejo.
¿Qué idea tiene de la muerte?
Que es el premio más grande que puede recibir el ser humano. La vida eterna se me haría algo horrible. Me gusta mucho que la vida tenga un límite y que no se sepa cuál es. Eso de volver a la nada, de donde uno sale y brilla por un instante, es algo para mí maravilloso.

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